Estresando al personal
Menuda semana de mierda. En la oficina todos hemos ido de culo. Entre inspecciones, paquetes vacacionales y bajas inesperadas ha sido una semana horrible.
Antes de que acabara febrero habíamos de pasar una inspección para poder continuar en esto del negocio del turismo. Y como mi jefe es un auténtico huevón, lo ha dejado para al final, como siempre. Cada año, nos pasa lo mismo. Los becarios han trabajado como chinos haciéndose pasar por negros en la época de la construcción del ferrocarril. Es decir han “trabajao una jartaá”.
Nosotros por culpa de una baja inesperada de Fran (Francesca) que espero que se recuperé muy pronto porque vamos de culo sin ella. Ella lleva la parte contable de la empresa y créanme, no había facturado des de que entré. Y creo recordar que no se me daba nada bien. Así que Jaime, por estar liado con mi tía en aquel entonces, me lo hacía todo. Y para colmo Ingrid que es nuestra lingüista también ha faltado tres días por una gripe intestinal. Ni idea que los Apulius tuvieran intestinos. Es más, aprovechando que esta semana Julián tenía un grupito de Apulius, nos hemos enterado, que no tan solo tienen intestinos, sino que se podría decir que los Apulius son todo intestino. Y eso explica porque son tan retorcidos y porque no acabamos de congeniar.
Y a mí, como no se me pueden encargar visitas con los Apulius (aún no se han olvidado de mi pequeño rifi-rafe de año nuevo con aquél gilipuertas que resultó ser el hijo de algún jefazo) me ha tocado encargarme de todas las vistas rápidas.
Así que en una semana he mostrado la ciudad y sus “maravillosos” habitantes a más de 9 clases distintas de alienígenas. Con sus 9 clases distintas de “particularidades” a tener en cuenta. Y sus 9 clases distintas de exasperarme los nervios. Y para colmo, he tenido que oír el puñetero comentario de “claro, como pasó lo de los Apulius” una veintena de veces. Incluso No-Pepe me lo hizo el otro día mientras indagaba por Internet las formas de autocomplacerse de las féminas humanas. ¡Y por ahí no! Una cosa es que me lo diga Fausto, Julián, García incluso Mari Paz, pero el bichajo ese asqueroso que no sabe ni hacer la o con un canuto. Aunque me consta que ya sabe lo que son los canutos. Y otra bien distinta es que me lo diga un aprendiz de nada. Así que le solté un moco que acojonó hasta al ascensorista. Es más García, que normalmente se ofrece a tener charlas privadas con los becarios cuando se pasan de listillos, no dijo nada.
Así que llevo una semana de un humor de perros y Helena sin llamar. ¿Lo del otro día fue uno de sus lapsus? ¿Espera que la llame yo? ¿Descongelo una pizza o llamo al chino?
Slitz-bye
